DE CALA EN CALA POR LOS MEJORES CAMINOS DE RONDA DEL BAIX EMPORDÀ

//DE CALA EN CALA POR LOS MEJORES CAMINOS DE RONDA DEL BAIX EMPORDÀ

Queridos playólogos, hoy quiero hablaros de los caminos de ronda, esos que antaño se usaban para vigilar la costa y que hoy son los anfitriones que nos llevarán de la mano para presentarnos afortunados paréntesis iluminados por una luz gloriosa. Se trata de alguna de las mejores calas de la Costa Brava. De esas que ya se disfrutan desde antes de llegar, paseando a la verita del mar por alguno de los más sabrosos senderos del litoral.

 

Porque, todo hay que decirlo, no todos los caminos de ronda que discurren por el Baix Empordà son igual de idílicos. Hay tramos cortados, otros que discurren por zonas con pocas vistas y algunos que pasan por lugares demasiado tomados por el hormigón (o por las masas). Pero estos, los que aquí os propongo, son los que más vais a disfrutar con casi todos los sentidos. Y los que más he gozado en mi vida de playólogo. ¡Palabra de disfrutón!

El paseo de la gula.

Degustando el camino de Llafranc a Calella de Palafrugell.

Antes de cenar tengo por costumbre recorrer el camino de ronda que va de Llafranc a Calella de Palafrugell. Me gusta esperar a esta hora –cuando el sol rebaja sus llamaradas y la brisa se empapa de los olores– para recorrer esta deliciosa senda domada llevando la mar de una mano y los árboles, los jardines y las casitas de veraneo de la otra. Preciosa estampa. Fíjate cuando las luces languidecen, la mar dormita y, a veces, con un poco de suerte, hasta se oyen a lo lejos las dulces habaneras (exquisita banda sonora original). Entonces ya me dices si tenía yo razón.

Tengo comprobado que esta sana costumbre (la de caminar a horas previas a la cena) me despierta el apetito por partida doble: primero por el esfuerzo físico (lo justo para sentir esa agradable sensación de hormigueo por las piernas sin llegar a ser agotador) y, segundo, por todos esos aromas que me enloquecen el sentido: a paella o fideuà recién hecha, a sardinas a la brasa y a tantas otras delicias de la mar servidas en las terrazas de los restaurantes, o en las de las casitas de las familias afortunadas que veranean aquí. Pasar a su lado (hola, bona nit. ¡Y bon apetit!) y que la boca no se me haga agua es un reto que nunca logro superar. ¡Seré zampón!

Ya lo verás: todos los vecinos que pueden sacan las mesas a la calle. Así, como para provocar… ¡Eso tenía que estar prohibido! 🙂 , porque siempre me hacen dar media vuelta vencido por la gula antes de acabar la ruta. Demasiada tentación. ¡Mecachis, así no hay quien baje el colesterol!

Por eso te digo que, si de verdad quieres caminar ven mejor a otra hora. Por la mañana, y cuanto más temprano, mucho mejor. Pero ven desayunado y con la barriga llena, y así podrás completar el camino de ronda hasta llegar a la playa de El Golfet, que son unos 7 km ida y vuelta. Y allí ya te paras y si has hecho bien la digestión te das un chapuzón a mi salud, que también resulta muy saludable.

Pero, escucha, que aún nos queda mucho más por caminar.

Un collar de perlas engarzadas. De Palamós a Playa d’Aro.

Qué te parece si en esta ocasión arrancamos desde el extremo oeste de la bahía de Palamós, exactamente desde la playa de la Torre Valentina, esa que custodia una atalaya que fue levantada hace 500 años para defender la playa de los piratas. Y digo pasear porque caminar, como tal, suena como algo mucho más duro y menos placentero que lo que os tengo preparado para hoy. ¿No es verdad?

Foto Playa Roques Planes Costa Brava

La primera de esas perlas engarzadas aparece muy pronto. Se trata de la playa de les Roques Planes, que debe su nombre a unas peñas que emergen por la orilla sobre las que da gusto espatarrarse al sol, como auténticas lagartijas (porque todo no va a ser sufrir en esta vida). Antes de que se os enrojezca la piel hay que llegar con el rebaño a la Roca del Paller. Vista desde el aire, como en la fotografía aérea de mi guía “Todas las playas de Cataluña 2: Costa Brava Sur”, es como mejor se entiende el nombre de esta cala, que traducido literalmente significa la roca del pajar. Esas peñas labradas a capricho dan forma al corralito en el que tanto gusto da chapotear. Como corderos, pero en la mar.

Foto Roca del Paller

Después viene la playa de los Esculls, la del Forn… y así hasta una docena, alguna de las cuales, como la de el Pi o la de Sa Cova, se encuentran entre mis preferidas. La primera es una cala de cuento donde los pinos piñoneros se asoman al patio -ese puñadito de arena delicioso, amable y hospitalario- para regalarte mañanas al sol regadas de luz o pequeños espacios sombríos pensados para dar tregua a las pieles enrojecidas. Estas perlas engarzadas van confeccionando un collar que serpentea junto al mar descubriendo ya no solo calas íntimas y selectivas como estas, a las que tanto nos gusta venir a los más alternativos sibaritas, sino también aquellas playas adocenadas y democráticas, las de dimensiones y equipamientos más al gusto de las mayorías como la de Can Cristos, Cala Rovira o la platja Gran d’Aro.

Foto Cala del Pi Costa Brava

2017-08-25T14:15:55+00:00 agosto 25th, 2017|PLAYOLOGIA|0 Comments

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