SIETE PROPUESTAS PARA ROMPER TÓPICOS

Que Ibiza conserve un patrimonio natural, cultural y gastronómico dignísimo de todos los elogios es algo que para la mayoría pasa desapercibido.

La imagen que proyecta atrae a ciertos públicos tanto como espanta a otros viajeros que ni se la plantean porque, según dicen: “ya no tengo edad para ir a Ibiza”.

Es tanta la oferta nocturna –de sex, drugs & rock n roll– que ciega.

PERO ABRE LOS OJOS:

Ibiza tiene 180 playas y calas, y la mayoría son tan desconocidas que solo unos pocos saben llegar.

Empieza por huir de las que están más de moda y redescubre el Mediterráneo. Los lugares secretos de Ibiza. La calma y la soledad.

Prueba nuevos deportes, camina y sumérjete en nuevas experiencias.

Redescúbrete: al destino y a tí mismo.

Y ya verás como vuelves a casa transformado.Y con otro concepto de Ibiza.

A mi me ha pasado. Y aún hoy me sigue ocurriendo…

Hay otra Ibiza. Lugares escondidos de Ibiza.

No sí si mejor o peor. Pero es…

OTRA IBIZA.

1. PORTITXOL DE SA PEGA.

Baños de sol, de ola y de soledad.

Todos saben que Ibiza está repleta de calas de ensueño donde darse un baño en soledad es casi un deseo inalcanzable. Una quimera. Pero no. Se equivocan. En Ibiza hay contabilizadas oficialmente unas 60 playas*, las consagradas al veraneo, a las masas, pero hay otras 120 calas donde todavía es posible la felicidad plausible. El silencio perpetuo. Un buen ejemplo (uno cualquiera) es la playa del Portitxol de Sa Pega, en Es Cubells, un tesoro que no tiene ni cartel indicador ni ganas de ser descubierto. Pero ahí está, inmersa entre turquesas y esmeraldas, oculta de las miradas, ajena al mundo. Esta es una de esas calas que pasa desapercibida por el gran público sencillamente porque no tiene chiringuito, ni hamacas ni sombrillas de alquiler (ni falta que le hacen). Y porque para llegar hay que bajar unas escaleras (5 minutos de penurias a cambio de una delirante soledad). Y saber dónde está, claro. Porque por aquí nadie te lo dirá.

Puede que sea esta la cala de tus sueños… el lugar que estabas deseando. El de geología imposible y botánica mediterránea donde el olor a salitre, resina y algas resulta obsesionante. Es el rincón de la soledad paradisíaca. La prueba de que hay otra Ibiza por descubrir. Pero solo para corazones inquietos.

Solo para playólogos como tú y como yo.

*¿Sabías que hay 180 playas y calas en Ibiza, ni una más ni una menos? ¿Y que en algunas te puedes pasar el día sin coincidir con nadie más? Esas otras calas «secretas» solo están en mi guía. Nadie más querrá decirte donde están. Te lo digo yo que se muy bien de qué va el tema… 😉

2. TAGOMAGO.

Una isla solo para multimillonarios.

Esta islita situada a 900 m de Ibiza se vende como “una de las pocas y más hermosas islas privadas” o “la isla de la jet set”. Anuncios como “alquile su propia isla” o “se vende villa con playa privada” todavía siguen siendo mensajes muy recurrentes en Ibiza. Sobre todo para aquel turista extranjero que piensa como un colono y sigue sin querer entender que en España no existen playas privadas.

Y luego está lo de los beach clubs donde te puedes gastar 100.000 euros en una botella de champagne (no es una errata, son todos esos ceros), donde te cobran 20 € por una cerveza o 100 € por alquilar durante unas horas una cama balinesa.

Que Ibiza se vende más y mejor entre las clases más pudientes lo sabemos todos, pero lo que pocos conocen es que hay lugares, restaurantes de los de antes, donde te puedes comer un fantástico menú del día por 10 € incluyendo pan payés recién hecho, chuletas de cerdo criado en casa, ensalada de su propia huerta, licor de hierbas y el mejor ali oli “hand made”, etc. A estos sitios (como el restaurante Es Pins, en ) es a donde van los isleños –y los viajeros bien informados– para disfrutar de la vida con lo puesto y huir de los excesos de la isla de los millonetis. Y para no dar que hablar a la conciencia, claro.

3. CALÓ DES MOLTONS.

Un chiringuito de ahora pero como los de antes.

En Ibiza apenas quedan chiringuitos como los de antes. Ahora lo que está de moda son los beach clubs de diseño llenísimos de gente que quiere ver y ser vista. Ya sabes: los del postureo. ¡Los del chumba chumba!

Pero cuando se quiere huir –de las apariencias y del ruido del mundo– hay rincones como esta calita de bolsillo escondida de las miradas del gran público que está como hecha a medida para gozar de la felicidad, la de poder sestear en una cama balinesa hasta que el olor de las sardinas a la plancha te despierte los sentidos.

Es una verdadera utopía que se pueda gozar de tantas comodidades escuchando a Michael Bubble, pero flojito, y que se pueda degustar un verdadero cous cous con productos de proximidad (y calidad) sin tener que pagar más de lo que valen. Porque hay otra Ibiza a la que no le afecta esa burbuja que tanto te hincha los precios. Es la otra Ibiza: la más auténtica, serena y risueña.

Prueba con el «eco chiri» Utopía y si te gusta es que igual eres de los mios… 😉 .

4. PORTINATX.

¿Escapada familiar a Ibiza…?

En esta isla de moda hay más noche que la que nos venden y más vacaciones que las que nos ofertan. Hay noches luminosas donde solo manda la luna, las estrellas y un silencio que suena como música celestial: el del arrullo del mar y el canto monocorde de los grillos. Y sitios, como Portinatx, donde se pueden vivir unas verdaderas vacaciones en familia, en pareja o como Dios mediante, acostándose con la luna y amaneciendo con el sol, como las gallinas. Todos saben que Ibiza es el mejor destino para vivir los días más largos de su vida, pero nadie me cree cuando afirmo, categóricamente, que se puede hacer sin falta de empacharse de música electrónica ni de más sustancias que las de la cocina insular orgánica. Palabra. Porque Ibiza hay que saber degustarla de otras maneras.

Empieza de buena mañana disolviéndote en las aguas puras de estas playas domadas del norte, sigue explorando el litoral –cual descubridor colombino– y alquila una barquita sin falta de titulación solos tú y tu familia. Acaba dejándote llevar por los cantos de sirena del faro de Portinatx y camina para despedir el sol hasta los pies de su larguirucha silueta vestida de presidiario.

Y ya lo verás: los días aquí durarán más de 24 h. Solo hay que saber redescubrirse. Al destino y a uno mismo.

5. ES PORTITXOL.

Embarcando las botas de montaña y los bastones de trekking.

Venir a Ibiza pensando en caminar es una idea que puede parecer tan fuera de contexto como la imagen de esta cala de apariencia alpina. Pero no, no es una errata. Esta isla divina es una caja de sorpresas que esconde rincones inimaginables como Es Portixol, un ancestral puerto de pescadores que sobrevive ajeno al turismo de masas sencillamente porque solo se llega caminando (o navegando, claro está).

Deja las sandalias fashion en el hotel y cálzate unas deportivas, que hoy nos toca sentir el suelo y bucear por este denso pinar para llegar hasta esta marmita mineral escondida entre paredones de talla colosal. Pero solo una horita (nada más) que luego hay que seguir coleccionando postales, recuerdos y experiencias, como la de volver al final de la tarde conduciendo entre los campos de cultivo de almendros, higueras y algarrobas de la carretera del Pla de Corona.

Prepárate, porque te prometo que no verás en ningún otro lugar ni unas sombras más estiradas ni una tierra más enrojecida. Y una última sugerencia: conduce si es posible en moto, en descapotable, o simplemente con las ventanillas bien bajadas para poder esnifar esta droga que tanto engancha.

Es la de la Ibiza de antaño: la que huele a campo, a mar y a montaña. La que se te queda tatuada en el corazón.

6. ES VEDRÁ Y ES VEDRANELL.

Los otros templos de la religión pitiusa.

En la isla de los pinos se rinde culto a San Lorenzo, al Astro Rey, y cada puesta de sol se celebra como si fuera un espectáculo único que se aplaude como una sesión de David Guetta. Curiosamente, la religión pitiusa es la única donde sus feligreses son en general turistas que dejan de rendirle culto al sol en cuanto vuelven a sus países de origen. Nadie más vuelve a sentarse cada tarde para verlo caer tras el horizonte. Ni aplauden ni silban. Ese; ese es el rollito de Ibiza que tanto mola: que aquí haces cosas –e incluso te vistes y hablas– como jamás harías en tu lugar de procedencia.

Y ahora apunta: una de las Mecas del sunset culture está en el Cap Blanc, frente a Es Vedrá y Es Vedranell, y la otra en Sant Antoni, donde se concentran los cafés que catapultaron la música chill out, pero lo que pocos conocen es que hay otros palcos de aforo más exclusivo donde se puede gozar del espectáculo solar de forma muchísimo más íntima y anónima. Solos usted, Lorenzo y a quien más quiera. ¡Y gratis!

Porque Ibiza no son solo esos cuatros sitios a los que nos quieren llevar como borregos.

Ibiza esconde secretos que enamoran. Encantos que fascinan.

7. ES FIGUERAL

La playita nudista más sexy del mundo.

Ibiza esconde rincones donde se obran milagros muy a menudo, como en la playa del Racó de Ses Dones, donde se alza un tótem de aspecto fálico al que se le atribuyen propiedades estimulantes que potencian el vigor sexual independientemente de la edad (dicen que cuanto más viejo se es más se nota). También hay quien afirma que es de origen volcánico, vegetal o incluso extraterrestre. Pero no. Ni es el cono de un volcán ni un tronco fosilizado ni la obra de un alienígena. Solo es un capricho de la naturaleza.

 

 

Y de lo primero… (lo del efecto Viagra) acércate y comprueba tú mismo si es un tópico o una realidad. Y cuando vengas (que lo harás) no te olvides de retratarte con la isla de Tagomago, ni con el Paller del Camp, que es el nombre que le han puesto al famoso miembro mineral. Tampoco te olvides de catar la famosa cala de Sant Vicent, de visitar la cueva santuario de Es Culleram y de rematar el día tomándote un algo, por ejemplo, en el chiringuito de Las Dalias de la playa de Es Figueral.

Lo que hagas después ya es cosa tuya… 😉